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Escúchanos Señal Online
· 17 abril 2018

La Geografía Cultural de Chile

Chile se encuentra ubicado en la parte occidental y meridional de Sudamérica, y es reconocido por los contrastes y variaciones que enfrenta su geografía. Si recorriéramos el territorio de norte a sur, observaríamos una gran diversidad de paisajes, distintos tipos de vegetación y vida silvestre, producto de su diversidad geográfica que contiene una extensa costa bañada por el océano Pacífico, el desierto de Atacama, zonas altiplánicas, estepáricas, mediterráneas y polares.

Las distintas realidades han condicionado el origen y desarrollo de las principales expresiones culturales que se han producido al interior de la nación. De esta manera y a la luz de las particularidades del paisaje físico y humano, se puede construir un mapa geo-cultural en el cual se ven representadas, de norte a sur, el conjunto de expresiones del folclore nacional.

Así, en el norte grande, es posible identificar a través de la música andina la presencia del mundo altiplánico. De igual manera, la teatralización de los bailes religiosos como diabladas y trotes, animan las principales expresiones de religiosidad popular que convierten a esta región en uno de los lugares más representativos del sincretismo religioso de origen colonial.

Por otra parte, y en torno al desierto de Atacama y la pampa del Tamarugal, se ha desarrollado una verdadera cultura minera que ha sido rescatada en diversas obras literarias como lo atestiguan las novelas Hijo del salitre de Volodia Teitelboim y Norte Grande de Andrés Sabella. A lo largo del paisaje nacional, la geografía física y humana ha sido fuente de inspiración para lo que se ha llamado, una Geografía Poética.

 

En el norte chico, destacan las expresiones de la cerámica diaguita, las fiestas religiosas de Andacollo y la Virgen de la Candelaria. Al mismo tiempo, la fertilidad de sus valles ha dado origen a una pujante cultura agrícola, vinculada a la uva pisquera, en la que se registran las primeras expresiones del canto a lo poeta. Por otro lado, la celebración de la fiesta de la Pampilla y la proliferación de los llamados dulces chilenos, nos acercan a lo que más típicamente asociamos como elementos de la cultura criolla. Pero es en el valle central, donde brotan con más fuerza las principales expresiones de la chilenidad. Diversos cuentos y leyendas rescatan la raigambre campesina de nuestra cultura popular. En términos musicales resalta la preeminencia de la cueca, el guitarreo y las payas. Las empanadas, la chicha y el vino constituyen sus principales creaciones gastronómicas. Las fiestas del rodeo, el volantín, la rayuela y el trompo, son expresiones de la competitividad y del sentimiento lúdico que caracteriza el espíritu festivo del campo chileno.

 

Más al sur, en los márgenes de La Frontera, diversos testimonios en el ámbito religioso como el guillatún y el machitún dan cuenta de la influencia del pueblo mapuche que, al igual que en la producción musical de la región, se expresan a través del uso del cultrún, la trutruca y el trompe. En la isla de Chiloé, el carácter insular de su geografía ha favorecido la permanencia de una cultura local que ha sabido proteger las principales características de su religiosidad, mitos y leyendas chilotas. El curanto, los valses y la gran variedad de sus producciones textiles constituyen rasgos que han logrado permanecer vigente a pesar de su creciente integración territorial y económica al resto del país. Similar es el caso de la Patagonia e Isla de Pascua, en donde la lejanía geográfica ha contribuido a la permanencia de las identidades locales que enriquecen nuestra diversidad cultural.