Una grave crisis enfrentan los salineros de Cáhuil, tras una temporada marcada por pérdidas históricas que ponen en riesgo la continuidad de un oficio con más de 400 años de tradición.

Durante las últimas semanas, el aumento del nivel de agua en la Laguna de Cáhuil, provocado por el desborde del estero, inundó gran parte de las salinas artesanales, generando pérdidas cercanas al 95% de la producción correspondiente a la temporada 2026.

El agua no solo anegó los cuarteles en plena faena, sino que también disolvió importantes cantidades de sal ya cosechada. Los trabajadores aseguran que la caída productiva viene desde hace años, pero que lo ocurrido este año marca un punto crítico que dificulta incluso cubrir los costos básicos de operación.

Desde la comunidad apuntan como una de las principales causas a las descargas provenientes del Embalse Convento Viejo, cuyas aguas llegarían a través del estero Nilahue, alterando el equilibrio natural de la laguna. Según denuncian, el ingreso de agua dulce reduce la salinidad, condición esencial para la producción de sal, afectando además a otros oficios locales.

El impacto no sería solo productivo. Desde el Centro de Desarrollo Sustentable de Pichilemu advierten que esta alteración ha generado cambios en el ecosistema, incluyendo disminución de la biodiversidad y desplazamiento de especies.

Ante este escenario, el Servicio de Evaluación Ambiental inició un proceso de revisión ambiental del proyecto, mientras desde el Congreso, el senador Juan Luis Castro alertó sobre el riesgo de desaparición de las salinas, llamando a establecer responsabilidades y medidas urgentes.

Los salineros insisten en que, sin soluciones concretas, no solo está en juego su fuente laboral, sino también la supervivencia de una tradición patrimonial única en el país.

Crisis en Cáhuil: pérdida del 95% de la sal amenaza tradición de más de 400 años